¡OH NIÑO DE BELÉN!
La luz nació en Belén, creció por la tierra,
como un nueva estela de esperanza,
despejada de sombras y despojada de tristezas,
un mar de estrellas abrieron la noche a la vida.
Un Niño nos ha nacido y la niña de nuestros ojos
lo acaricia hasta volvernos niños.
Un silencio sereno lo envuelve todo,
todo se serena ante el Dios que nos nace,
justo es llamarle Príncipe de la paz
a quien es
a quien es quien Es, señal de Amor y de Consuelo.
Un Niño nos ha despertado, y al vernos junto a Él,
el gozo de tenerle, el sueño nos ha quitado.
¡Oh Niño de Belén, cuánta dulzura irradia
en el frío portal del orbe humano,
donde se nos dona para acogerle,
haciéndose pequeño para engrandecernos,
no quiere de nosotros más que nuestro amor!.
En esta buena noche de la noche buena,
que ya son santas todas desde tu venida,
¡Oh Niño de Belén!,
te adoramos auxiliados por tu Madre,
porque junto a ella no hay exilio navideño.
A ti la gloria y la alabanza por los siglos del verso,
divino poeta, Salvador de almas;
por ti la vida es vida eterna,
Dios creador en Dios creativo, vestido de sencillez.
Desnudo como el latir del viento
nos enternece y estremece el Niño,
llega para la humanidad que muere sedienta de luz
y también para el mundo que sueña con ser cielo.
Víctor Corcoba Herrero