
TEMPLO Nª Sª DE LA CABEZA. Iglesia Mayor del Lugar Alto (siglo XVI).


A pesar de tener dos Iglesias, este pueblo desde el principio fue una sola Parroquia, cuya Iglesia matriz siempre fue la del Lugar Alto o Uxixar la Alta, lo cual ocasionó ciertas diferencias, disputas y enconos entre los vecinos, feligreses, clérigos y sacristanes de ambos lugares. Esta Iglesia se denominó hasta el siglo XVIII con el título de "Nuestra Señora de la Encarnación", a partir de esta fecha se cambió por el actual de "Nuestra Señora de la Cabeza".
Consta de una planta rectangular de una sola nave cubierta con artesonado mudéjar, con tirantes decorados con estrellas y taraceas que arrancan de doble ménsulas, así como canes góticos de los tirantes.
La torre está situada en la cabecera de esta Iglesia cuyo cubo es de vanos rectangulares y arriba el campanario tiene cuatro vanos de medio punto.
A los pies, está la portada con arco rebajado en el interior de estructura adilentada y el baptisterio en el lado izquierdo con acceso al coro. La sacristía estaba junto al lateral derecho de la torre, hoy está al fondo de la Capilla Mayor. Los elementos utilizados para la edificación de esta Iglesia es de encintado de ladrillo y cajas de tapiar y mampostería, que en la actualidad está toda enlucida y encalada.
La nave rectangular de esta Iglesia es lo más antiguo y se construyó en los años 1.510 – 20. Un dato testimonial de su antigüedad es la existencia del escudo de los Reyes Católicos situado en el arco toral, arco de medio punto que separa la nave central de la Capilla Mayor y en el lateral de la nave un escudo del Arzobispo Antón de Rojas. En el citado arco toral situado a la entrada de dicha Capilla Mayor y entre las pilastras del arco toral había antes una balaustrada de madera torneada.
Dentro de la Capilla Mayor está el presbiterio sobre una plataforma con acceso de cinco peldaños de piedra y a ambos lados una baranda de hierro forjado. El frontal de dicha plataforma estaba revestido de azulejos a cuerda seca.
La Capilla Mayor recordaba los Coros de las Colegiatas y Catedrales donde se oficiaban la Liturgia de las Horas o Rezo del Breviario. También se destinaba para los enterramientos de la clase noble o grandes señores de aquel tiempo. Aún todavía se conserva la lápida en piedra de Sierra de Elvira que cubría la sepultura del primer Beneficiado de esta Iglesia, don Luis de Viedma, con escudo de armas y fecha del año 1.550, que en un principio estuvo colocada en el centro de dicha Capilla y en la actualidad junto al pulpito. En los años 1.551-53, se le añadió la Capilla Mayor cubierta con armaduras ochavadas.
La sencillez y austera elegancia que hasta ahora ofrecía el interior del templo, son sustituidas totalmente por la exuberante ornamentación del barroco que alcanza su plenitud en el siglo XVIII.
En este siglo se comienzan a construir los retablos existentes que cambian por completo la fisonomía interior de este templo. El principal de ellos es el del Retablo Mayor que cubre casi todo el testero frontal del presbiterio, desplazando así al primitivo retablo de Diego de Siloé al lugar donde hoy está y que más adelante expondremos.
El retablo del altar mayor está trazado siguiendo la línea de los Hermanos Churriguera, dentro de un conjunto armónico y monumental. Todo él está tallado y dorado, habiéndose concebido su trazado en torno a las imágenes de Nuestra Señora de la Cabeza y la del Cristo Crucificado que sigue presidiendo el ámbito del templo pero dentro de un marco más rico y grandioso.
La parte baja de este retablo la compone un zócalo de madera pintada que imita mármoles y encima hay un basamento todo dorado y tallado, en cuyo centro está enclavado el Sagrario con cuatro columnas salomónicas a un lado y en su puerta hay molduras doradas y la imagen del Niño Jesús Buen Pastor pintada al óleo.
El cuerpo principal está formado por cuatro grandes columnas salomónicas, bellamente talladas con festones y hojas, sosteniendo una elegante cornisa. Estas columnas forman tres espacios o intercolumnios siendo más grande el del centro que enmarca un arco de medio punto que al mismo tiempo es la puerta o embocadura del camarín donde se halla la imagen de Nuestra Señora de la Cabeza.
Los otros intercolumnios de los lados, forman también medios puntos bajo los cuales están las imágenes de san Juan Evangelista y san Francisco de Asís. Ambas imágenes están colocadas en este retablo sobre unas ricas repisas cuyos soportes están guarnecidos de flores y hojas talladas sobredoradas.
En el centro del Camarín, como ya hemos indicado anteriormente, está la imagen de Nuestra Señora de la Cabeza, colocada sobre un pedestal en trono tallado y dorado en sus cuatro caras. Esta imagen, según parece, es de la escuela de Pablo de Rojas. La imagen del Niño conserva aún su auténtica policromía. El conjunto ofrece un gran encanto por su belleza y finura. Las paredes del camarín están pintadas al óleo con diversas escenas de la Virgen pero en precario estado de conservación.
El último cuerpo del retablo, está destinado a la bellísima imagen del Cristo Crucificado atribuido a Diego de Siloé, formando un calvario sobre las pinturas en tabla de San Juan y de la Virgen que le sirven de fondo.
Coronando el rico marco del Cristo hay un óvalo pintado con la figura del Padre Eterno y el Espíritu Santo con tallas de hojas y flores alrededor. Todo el contorno del retablo está formado por una guirnalda de flores, hojas y frutas igualmente talladas y doradas.
Bordeando al retablo existe pintado al temple a todo su alrededor y semejando un cuerpo de arquitectura, ejecutado con valentía y destreza, ofreciendo una atrevida perspectiva representando dos grandes columnas con sus correspondientes pilastras que sostienen amplias cornisas desde donde arranca un grandioso arco de medio punto. Debajo de este arco asoman los agallones de la bóveda que cobija a todo el retablo, de manera que esta pintura parece la continuación arquitectónica de esta obra.
En las enjutas de dicho arco hay dos ángeles de gran tamaño, recostados y con sendas inscripciones sobre su rodilla: "Haec est domus Dei et porta coeli" (esta es la casa de Dios y la puerta del cielo).
Las cortinas que colgaban en los laterales del presbiterio fueron sustituidas acertadamente por pinturas murales al óleo, donde figuran ricas telas de brocado y floripones de muy vistosas flores exóticas. Ambas pinturas han sido restauradas en 1980 después de haber permanecido durante más de un siglo bajo la cal. La Capilla Mayor en la actualidad ha vuelto a adquirir un aire barroco bellísimo y extraordinario.
En los costados del presbiterio, sobre dichas telas pintadas hay dos óvalos pintados de grandes dimensiones en las que uno está san Rafael con el Niño Tobías sobre fondo de marina y en el otro la imagen de san Miguel con el dragón bajo sus pies.
La baranda de hierro del presbiterio ha sido sustituida por otra de madera torneada y con pilastras talladas y sobredoradas. Sobre su pasamanos, hay seis remates de forma de bola, terminadas en pirámide, que igualmente estaban doradas.
El friso zócalo de azulejos desaparece y se sustituye por otro pintado imitando mármoles. En la actualidad está revestido de losas de Sierra Elvira como los peldaños del presbiterio.
Lateral derecho: en este lugar dentro de la Capilla Mayor está el retablo barroco de Nuestro Padre Jesús Nazareno, retablo constituido por cuatro columnas estípites que sostienen una cornisa y el último cuerpo que sirve de coronación con el cuadro al óleo de la Virgen Dolorosa. En el centro del retablo está la hornacina que alberga la imagen de Nuestro Padre Jesús con la cruz a cuestas, de tamaño natural y de media talla para vestir, imagen de gran belleza y es objeto de gran devoción por los feligreses de esta localidad. Todo el retablo está tallado y sobredorado con fondos de color hueso decorándose con flores.
Fuera de la Capilla Mayor, a continuación está el altar y retablo dedicado a la Inmaculada, todo es de tallas con molduras rocalla, sobredoradas con fondos de color ocre oro igual que la Mesa de altar en forma de repisa. Sobre dicho altar hay una hornacina dorada con cristales y recubierta en su interior de espejos. Dentro de ella está la imagen de San Sebastián de 40 centímetros de altura hecha de terracota, con una expresión dramática propia del estilo barroco, conservando su policromía original en muy buen estado.
En el cuerpo principal y en el centro de este magnifico retablo está ocupado por un gran lienzo pintado al óleo con la imagen de la Inmaculada, del tipo de Alonso Cano, como rostro de doncella casi niña con expresión devota y angelical, sus manos juntas en oración, manto azul plegado envolviendo el cuerpo, cabezas de angelitos a los pies.
A los lados de este cuadro hay dos óvalos óleos con las imágenes de san Cecilio y de San Matías, de gran belleza.
Sirviendo de coronación y sobre el último cuerpo está el cuadro pintado al óleo de Santiago Apóstol.
Todo lo descrito forma un conjunto grandioso, bello y magnífico. Hay que decir que es aún más bello sabiendo que todo el retablo descrito fue íntegramente costeado con los donativos de los feligreses de Ogíjares.
A continuación y en este mismo lateral bajo el arco de medio punto rebajado en el muro de fábrica, correspondiente a la puerta de entrada lateral que indebidamente se quitó y tapó hace unos treinta y cinco años aproximadamente, se puso un pequeño retablo en el año 1980, dicho retablo fue sustituido posteriormente por la hornacina de la Inmaculada, que está en la actualidad. Esta hornacina mide unos dos metros de altura construida con madera de ébano, carey, y marfil al estilo de las taraceas granadinas. Tiene además cristaleras de medio punto en el centro y paredes laterales. En la parte superior hay una cornisa y una cúpula de media naranja, octagonal con nervios exteriores y arcos de hueso y marfil decorados en negro. En los ángulos y sobre las cornisas de donde arrancan los arcos de las cristaleras hay unas cabezas de ángeles de metal dorado al fuego. En el basamento de dicha vitrina hay unos apliques de metal también dorados. En su interior el frontal que sirve de puerta está todo forrado de pequeños cuadros de ébano y marfil. El interior de la cúpula está forrado de espejos. Esta rica y bonita hornacina guarda en su interior una bella imagen de la limpia y Pura Concepción de la Virgen María. Está tallada en madera policromada y es de la escuela de Alonso Cano. A sus espaldas tiene una orla de rayos y resplandores con estrellas de metal dorado y en la cabeza una corona imperial de plata repujada. La peana está forrada de concha de tortuga. Esta hornacina e imagen fue donada por don Nicolás de Ginestal en el año 1780, el cual a su vez la recibió de sus antepasados.
A corta distancia existe en la actualidad un pequeño retablo junto al cancel de la puerta principal. Este fue un retablo que sirvió para el Sagrario y Altar Mayor de este templo en el año 1925. Es de estilo renacentista, todo él está tallado y estofado. Sobre el basamento se levantan cuatro columnas dóricas estriadas que sostienen sus correspondientes cornisas. Es atribuido a Diego de Siloé. En el intercolumnio del centro formado por un arco de medio punto que sobresale de las cornisas laterales, está la imagen de san José, obra tallada y policromada. Consta pues este retablo de un piso con tres calles y ático, con dos esculturas a los lados de san Pedro y san Pablo ejecutadas con maestría y sencillez admirable atribuidas a Diego Pesquera.En el ático un bajorrelieve que representa a santa Ana y a la Virgen con el Niño. Abajo y a ambos lados de este bajorrelieve hay dos medallones -tondos-, uno con la figura de la Encarnación y el otro representando a la Anunciación.Manuel Gómez Moreno Martínez afirma que este retablo era parte de un Sagrario que aquí se trajo desde la Iglesia de santa Ana, de Granada.El Sagrario está documentado como de Juan de Orea, lo cual indicaría la única existencia conocida de un retablo de Juan de Orea en Granada.
En el lateral izquierdo dentro de la Capilla Mayor está el también retablo barroco, es decir del mismo estilo, talla y decoración de Nuestro Padre Jesús Nazareno situado enfrente. Tiene por tanto columnas estípites que soportan cornisas con molduras doradas sobre fondo de color porcelana.El frontal del altar es de madera figurando mármol y en la hornacina central forrada de tablas pintadas y tallas sobredoradas, está la imagen de Nuestra Señora de la Aurora, obra del siglo XVIII en talla de madera ricamente policromada y estofada, atribuida a José Risueño. La Virgen está sentada sobre un trono de nubes con cabezas de ángeles aportando en su mano una banderita de tisú de plata con un sol bordado en oro.En la coronación del retablo hay un lienzo guarnecido de molduras doradas pintado al óleo con j las figuras de Nuestra Señora, San Joaquín y Santa Ana.
Siguiendo dirección hacia la puerta de entrada, a continuación y fuera de la Capilla Mayor, hay un retablo similar al de la Inmaculada Concepción antes descrito y que está enfrente, es decir, el lateral derecho y lado opuesto. Es un bello retablo cuyo centro está ocupado por un lienzo al óleo representando a Santa Teresa en éxtasis ante la visión de Nuestro Señor atado a la Columna. A ambos lados, hay dos óvalos guarnecidos igualmente por molduras talladas y sobredoradas e incluidas en el mismo retablo con las pinturas de San Benito de Palermo y San Francisco de Paula, ambos pintados al óleo y de bella ejecución.
Enmarcando este magnífico retablo hay unas pinturas fresco al óleo descubiertas en el año 1980, pintura que representa un manto real, columnas corintias en una perfecta y gran perspectiva y ángeles uno a cada lado de tamaño natural que le da una magnificencia, belleza y grandiosidad colosal.
Ya cerca de la puerta de entrada, es decir del cancel, y en este mismo lateral hay un retablo de estilo barroco en su primera fase, sin dorar, dedicado al Señor Yacente en el Sepulcro, cuya imagen está pintada sobre lienzo al óleo. Este lienzo artísticamente de mediano valor ocupa el centro de dicho retablo. En la parte alta hay un pequeño cuadro pintado al óleo con la figura de Nuestro Señor en medio de San Juan de Dios y de San Juan de la Cruz.
Este templo guarda obras interesantes amén de lo ya descrito, como una pintura de principios del siglo XVI del Descendimiento del Señor, otra de la Sagrada Familia del estilo de Bocanegra, otra del estilo de Risueño representando a la Virgen. Todas estas obras pictóricas están en un buen estado de conservación.
Completa el patrimonio artístico de este templo diversos cuadros de tamaño mediano con motivos religiosos de la escuela granadina de elevado valor artístico y también en un buen estado de conservación.